Se suele pensar que no es posible sentir dolor, rabia, frustración o decepción por algo que nunca sucedió.
Pero, ¿qué ocurre cuando justamente lo que no ocurrió era aquello que necesitábamos que sucediera?
¿La ausencia equivale a la presencia?
¿Que ningún adulto hiciera nada en aquel momento es suficiente?
¿Lo que no se hizo carece de consecuencias?
La omisión, la ausencia, el vacío… todo ello tiene un impacto en nosotros.
No es inocuo, al contrario.
Si no pasó, claro que puede doler.

Duele lo que no sucedió,
Duele la falta de un “Yo sí te creo”
Duelen los abrazos no recibidos
Duele no recibir lo que se necesitaba
Duele hacer como si nada hubiese sucedido
Lo oculto duele,
duele muy adentro,en silencio.







